
Sería apacible y fácil controlar los estados de ánimo mediante y pastilla, aplicando a nuestro cuerpo y sentidos, aquello que verdaderamente queremos. El decidir cuándo estar feliz y cuándo no estar triste, el elegir sí soñar o reir, si llorar de felicidad o de nerviosismo por aquella incontrolable sensación que desprende la adrenalina que causa el sobrepasar los límites diarios. Dominar la paz y parar la guerra, resurgir el amor olvidado y reencontrar la esperanza en el pasado. Atrapar el sufrimiento y enterrarlo bajo llave, perdiendo así ésta misma por el océano que revuelve cada noche la tierra. Conocer por siempre la verdad y evitar la mentira, sumiéndonos en un armónica plenitud presente y futura. Borrar los miedos del pensamiento, y ocuparlos por aquellas sonrisas que a veces nos guardamos. Sería estupendo, ¿no? También depende de dónde se mire, porque, si nos ponemos a reflexionar sobre ciertos aspectos, podemos apreciar, que la dificultad y los obstáculos son cosas inevitables, rutinarias, casi tanto como una costumbre. Cuándo digo costumbre, no me refiero a pesimismo, ni ningún sinónimo que se le parezca, sino, que muchas veces son esas cosas, esas dificultades, esos baches, esas caídas las que nos hacen fuertes, las que nos hacen maduros, las que nos hacen expertos, las que nos hacen invencibles. A pesar de sus contras, cómo siempre digo, "cuándo veas un defecto, busca y saca dos aciertos", porque realmente los hay. Siendo indiferente al mundo, a los problemas, y a en éste exacto momento a que me encuentro escribiendo mi pensamiento en un fotolog, estaría dispuesta a ir a aquellas personas que realmente lo necesitan, que quizá haya más de las que creamos, a agarrarles fuertemente la mano, y a transmitirlas esa fuerza que muchas veces hace falta para seguir adelante y ver con claridad el camino. Agarrarles la mano, y decirles fuertemente sin apenas pronunciar palabra, que los miedos desaparecen enfrentándolos, que no son más que falsas ilusiones con cuyo fín es asustar y hundir, pero que se acabó, que desde hoy, nosotros seremos más fuertes que ellos. ¿Y sabeís cómo sería la forma idónea para transmitirlo? Sonriendo. Y aunque algunas personas no lo crean, las sonrisas salvan, y la pureza de éstas, es práctica y completamente inigualable cuándo proceden del fondo del mismo alma. Basta un gesto para procrear un sentimiento, y basta un sentimiento.......para alentar un cuerpo de esperanza